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Conoce a Claudia de Heredia

Empresa: Kichink (www.kichink.com)
Industria: 
E-Commerce
Año de creación: 
2012
Rol en la empresa: 
Co-fundadora
País: 
México

¿A qué te dedicabas profesionalmente antes de tomar la decisión de emprender?

Luego de estudiar mercadotecnia en la universidad (ITESM Santa Fe), entré a trabajar en el área de marketing de Procter & Gamble, donde manejé varias marcas. Luego de casi seis años en la empresa, decidí salirme para unirme al negocio de mi esposo, una agencia de producción digital que desarrollaba desde páginas web hasta aplicaciones y desarrollos para redes sociales.

¿Cuándo y cómo supiste que querías fundar tu propia empresa?

Decidí salirme de Procter & Gamble porque realmente tenía ganas de empezar algo mío, quería trascender a través de mi trabajo, poder crear empleos. Cuando empecé a trabajar con mi esposo en su empresa, empecé a entender las problemáticas del mundo de internet y, en específico, del comercio electrónico. Nos dimos cuenta que el comercio electrónico estaba muy poco desarrollado en México y que alguien tenía que hacer algo para que esto detonara. Estábamos seguros que podía ser el futuro de muchas economías dentro del país. Y pues decidimos tomar el problema en nuestras manos: en el 2012 mi esposo, una de mis mejores amigas de la preparatoria y yo, decidimos fundar Kichink, una plataforma de comercio electrónico que busca atender las necesidades de el mercado mexicano y que tiene el potencial de transformar la economía del país. Partimos de ese sueño: transformar una economía, un país. Si bien la decisión de crear la empresa no la tomamos de la noche a la mañana, los tres teníamos claro que debíamos empezar a hacer algo, ya.

Sí debo reconocer que irme de Procter & Gamble en el 2009 fue una de las decisiones más difíciles de mi vida, sobre todo porque allí ya tenía mi career path, tenía aseguradas muchas cosas, no solo económicas. Y cuando decidí irme a trabajar con mi esposo, ¡todo el mundo me dijo que estaba loca!

¿Cómo fue el proceso de crear tu propia empresa?

Cuando decidimos fundar Kichink, nuestros amigos y familiares nos dijeron que definitivamente estábamos locos de atar. No comprendían por qué queríamos crear una nueva empresa dejando una a la que ya le estaba yendo bien, estaba bastante consolidada, reconocida en el mercado, y con clientes importantes.

En cuanto al proceso mismo de creación de Kichink, tuvimos suerte, porque ya contábamos con toda la plataforma de personal de la empresa anterior, incluyendo a los programadores y diseñadores. Digamos que el tema de la tecnología ya lo teníamos más o menos resuelto. En resumidas cuentas, la empresa, que se llamaba Nube 9, iba a pasar a llamarse Kichink. Obviamente no fue todo sencillo: efectivamente renunciamos a una empresa establecida con clientes, y para empezar la empresa, no sólo pusimos todos nuestros ahorros, sino que también nos lanzamos a la incertidumbre de si esto iba a funcionar, si iba a tener tracción, si íbamos a tener clientes.

Cuando estábamos por pasar a formar parte de las empresas de Endeavor, varios mentores e inversionistas nos llegaron a decir que nuestro modelo de negocio no tenía ni pies ni cabeza. Otros me dijeron: “Tú eres mujer, vas a tener hijos, ¿cómo te vas a dedicar a una empresa? Ya no estás en edad de ser emprendedora. De todos los lados nos decían que estábamos locos. Pero al final ha sido una de las mayores satisfacciones probar que dentro de nuestra locura había algo de razón.

¿Cuál fue el mayor “fracaso” que tuviste que enfrentar como emprendedora? ¿Qué principales aprendizajes te dejó la experiencia?

Todos los días experimento algún tipo de fracaso, no hay un día que me vaya a dormir satisfecha. Pero al final, fracasar es parte del negocio, es parte de crecer y de vivir. No conozco un solo emprendedor que diga que su empresa es perfecta.

Si tengo que identificar un “fracaso” –que más bien lo veo como aprendizaje importante– creo que fue en el área de recursos humanos. Cuando empezamos Kichink teníamos claro que el equipo tenía que ser de cierta forma, pero estábamos equivocados. Conforme fue creciendo la empresa, tuvimos que cambiar y crear un nuevo equipo, evaluando cada puesto según las necesidades concretas de la empresa. El proceso fue duro porque cuando formas un equipo, los integrantes se vuelven parte de tu familia. Con base en el análisis, terminamos formando un equipo con las funciones adecuadas y requeridas por la empresa. Pero la parte del análisis e implementación fue difícil.

Aparte de eso, también hemos tenido muchas ideas que quisimos seguir alternativamente. Por ejemplo, un Kichink dedicado sólo a moda, y no ha funcionado muy bien. Éste es sólo un ejemplo de muchas cosas que hemos tenido que dejar pasar. Pero en definitiva, estoy convencida que el mayor fracaso es no intentar, no atreverse.

¿Dónde está hoy tu empresa y qué proyecciones tienes para los próximos cinco años?

Hoy tenemos más de 45.000 tiendas en la plataforma y ya somos la plataforma de comercio electrónico más grande de México. Empezamos siendo un equipo de 12 personas y ahora somos 100. Creamos Kichink traspasando todo el capital que teníamos en la otra empresa, y recibiendo fondeo de friends & family. Ahora ya estamos en la búsqueda de otra ronda de financiamiento más institucional para continuar expandiéndonos.

En cinco años nos vemos como la plataforma de comercio electrónico más grande de la región, formando varias alianzas estratégicas. También queremos inspirar a la nueva generación de emprendedores de México y de la región: nos gustaría ser mentores de emprendedores, ayudándolos a que puedan tener éxito con sus startups.

¿Qué consejos le darías a una mujer que está pensando en crear su propia empresa?

Yo le daría un solo consejo: atreverse y no tenerle miedo al fracaso. En la sociedad mexicana tenemos mucho miedo a fracasar: cuando no sale bien un plan, normalmente se convierte en materia de pena, no queremos que nadie se entere que nos fue mal y tratamos de no ponerlo en nuestro CV. Pero en cambio, veo que en países como Estados Unidos o Inglaterra, se valora mucho el atreverse y decir: “Bueno, yo puse una empresa, me equivoqué, no me salió bien, quebré, pero aprendí muchísimo y ahora la siguiente cosa que haré seguramente saldrá mejor”. Esto no lo sabemos hacer bien, entonces ése es mi consejo: hay que atreverse, hay que perderle el miedo al fracaso. Hay que aventarse al agua y ya veremos cómo empezamos a nadar.