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Soy hija de mi madre

A menudo
me preguntan porqué
soy emprendedora. La respuesta no es sencilla, pero tiene origen en un hecho
sencillo: soy la hija de mi madre. Para que puedan entender, tengo que
contarles la historia de mi madre.

Mi madre
nació en París, durante la segunda guerra mundial. Circunstancias familiares la
forzaron a empezar a trabajar desde temprana edad, y a los 18 años completó un
curso técnico para trabajar de contadora. Luego de unos años, la firma contable
internacional para la que trabajaba la envió a la casa matriz en Amsterdam para
realizar un curso. Allí conoció a mi padre, un estudiante universitario holandés,
y cuatro años más tarde, se casaron y se instalaron en Holanda. Nací tres año
después, y mi hermano, otros tres años más tarde. Mi padre consiguió un trabajo
estable luego de graduarse, y mi madre se hizo cargo de la nueva casa y dos
hijos en un país donde no dominaba el idioma, volviéndose una ama de casa como
muchas mujeres lo eran en la década de los 70.

Así es
cómo he visto a mi madre casi toda mi vida, hasta que hizo algo increíble
mientras ninguno de nosotros le estaba prestando atención. Ella había sido
siempre muy artista –costura, macramé y sobre todo, tejido. Su interés por el
tejido empezó luego de tomar un curso con un artista local, cuando nosotros los
hijos iniciamos el jardín de infantes. Cuando yo cumplí siete años, mi madre se
compró un telar –nada pequeño, sino gigante que ocupaba toda una habitación en
nuestra casa. Mi madre empezó a tejer –bufandas, sacos, chalinas, creando unos
diseños exclusivos como exquisitos.

Cuando
cumplí doce años, nos mudamos a los Estados Unidos y el telar vino con
nosotros. Allí ella se hizo miembro de varios grupos de tejedoras y empezó a
vender sus creaciones en shows de arte, ferias y galerías. Cinco años más
tarde, mi madre decidió crear una empresa para poder deducir los gastos de la
empresa y pagar impuestos: había nacido su primera empresa. Un año después,
adquirió un telar nuevo y más eficiente hecho en California. Ella demostró que
no sólo era una buena tejedora, sino que también tenía gran agudeza para los
negocios. En los primeros días de Internet, lanzó un sitio web de su empresa,
al que posteriormente le incorporó una aplicación de comercio electrónico.
También fue una de las primeras tejedoras en instalar Square en su Ipad y
llevarlo a las ferias de arte, facilitando la recepción de cobros. Puedo decir
con toda sinceridad que mi madre es una de las tejedoras más respetadas y
populares del área de Nueva Inglaterra.

Como
pueden ver, y yo me di cuenta sólo recientemente, ¡mi madre es una
emprendedora! No solo una emprendedora, sino que una emprendedora serial. ¿Por
qué? Porque al cabo de unos diez años, después que los hijos nos fuimos a la
universidad, creó otro negocio de comercialización de antigüedades, que anduvo
muy bien hasta que la economía se enfrió en 2003/2004 y decidió cerrarlo. Por
aquel entonces, ella estaba entrando en sus 70, y se dio cuenta que ya no
contaba con la fuerza física suficiente para seguir tejiendo (el tejido
requiere un gran esfuerzo físico). Enfrentada a la perspectiva de ir cerrando
su carrera en tejidos, se anotó en un curso de teñido e impresión ecológicos en
Francia, llevándose también a mi padre. Apenas unos días después de haber
regresado a casa, mi madre ya estaba tiñendo chalinas de seda con materiales
100% naturales, las cuales empezó a vender, creó un sitio web, y así había creado
otra empresa.

Algo que
siempre recuerdo es el enojo que le provocaba a mi madre cuando nos referíamos
a su negocio como hobby. Y esto lo entiendo ahora –me enojaría igual si alguien
considerara mis empresas como mi “pasatiempo”. Mi madre fue una emprendedora
por más de 40 años. Sus ventas bajan cuando la economía entra en recesión, y viaja
cientas de millas para conseguir las mejores materias primas al precio
adecuado, y vende sus productos en los mejores shows. Ella es responsable del
marketing, es una excelente vendedora y ella misma lleva la contaduría. Todo
esto lo hizo por fuera del bullicioso ecosistema emprendedor, y cuando nadie de
nosotros le prestamos atención…

Ahora
pueden ver que cuando me preguntan por qué soy emprendedora, porqué invierto, mentoreo
y apoyo a emprendedores, es porque he tenido un modelo fantástico: mi madre – y
porque soy la hija de mi madre.


Alexandra de Haan es Co-Fundadora
de Copacabana House Ventures. En el 2000, co-fundó Mundivox, proveedor de fibra
óptica de banda ancha para PyME en Brasil, el cual fue vendido exitosamente en
2014. En el 2007, volvió al mundo corporativo como CFO y Fund Manager de
Ideaisnet, un fondo de VC que cotiza en la bolsa e invierte en empresas de base
tecnológica de Brasil. También ha sido miembro de directorio de varias empresas(Officer Distribuidora, Automatos, Pini
and Padtec).